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El taller Bosch para tu vehículo

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Cuidados de tu coche en invierno.

Llega el frío y nos abrigamos. Aparecen las lluvias y no salimos de casa sin paraguas. No queremos resfriarnos ni sufrir percance alguno al caminar sobre las aceras mojadas. Tampoco renunciar a nuestra actividad cotidiana porque afuera esté helando o la nieve pinte de blanco las calles. Nos ponemos una buena camiseta interior y nos hacemos con unas botas tan calentitas como antideslizantes. ¿Por qué no preparamos igualmente nuestro automóvil para poder circular de manera confortable y segura en las condiciones climatológicas adversas propias de esta época del año?

No en vano, en estos meses se producen más accidentes de tráfico y más  asistencias en carretera. De los 4,8 millones de asistencias mecánicas en carretera que se producen cada año, algo más de 1,5 millones se prestan en los meses de invierno. Eso significa que entre noviembre y marzo más de 13.000 conductores llaman cada día a su compañía de asistencia solicitando la ayuda de un mecánico. Apenas un 36,3% de las incidencias se pueden resolver in situ y proseguir el viaje, el resto, el 65,25%, requieren de un servicio de remolque con grúa al taller. Según la Dirección General de Tráfico (DGT), esta estadística sería probablemente inferior si los automovilistas nos tomáramos más en serio el mantenimiento preventivo de nuestro coche. Si realmente cuando los fríos del invierno empiezan a barrer las calles con sus vendavales de viento, lluvia, nieve y cielos plomizos con luces a medio gas, revisáramos algunos elementos del vehículo fundamentales para circular con seguridad.

¿Cuáles? Fundamentalmente baterías, neumáticos, amortiguadores o escobillas limpiaparabrisas. Incluso echar unas cadenas de nieve en el maletero, que “la precaución no ocupa lugar”. Según los estudios del RACC Automóvil Club, la primera causa de averías en invierno es el sistema eléctrico general del vehículo, en un 39,5% de los casos. Y el 25% de ellas se deben a problemas con la batería. Las condiciones climatológicas del invierno hacen aflorar problemas mecánicos que en verano no se manifiestan. El frío, la humedad y las bajas temperaturas afectan especialmente al sistema eléctrico. En segundo lugar, con el 23% de las incidencias, se encuentran las averías relacionadas con los componentes mecánicos del motor (cadena de distribución, bomba de aceite, etc...) y el tercer lugar lo ocupan las ruedas y los sistemas de dirección, suspensión y frenos, con el 9,6 %. Todas estas incidencias en carretera podrían evitarse o en buena medida paliarse con una revisión a tiempo. Con una puesta a punto en nuestro taller de confianza. Pero hasta ahora hemos hablado de la incomodidad de no poder disponer del coche a cuenta de una avería. Existe una cara aún más desagradable de los efectos que puede tener no llevar el coche siempre en forma: los accidentes. Según la DGT el invierno pasado el 14,5% de los siniestros en la red viaria española tuvo lugar bajo condiciones meteorológicas adversas. De manera que en 2010 más de 12.400 accidentes estuvieron relacionados con la lluvia, la nieve, la niebla o el hielo. No es de extrañar que en esas circunstancias de riesgo, el organismo dependiente del Ministerio del Interior nos anime a comprobar que todos los sistemas del vehículo están en buen estado antes de ponernos en carretera. Pasar por el taller de confianza equivale, pues, a ponerse la vacuna de la gripe. En otras palabras, decantarse por prevenir para no tener después que curar. Después, sobre todo en los días más duros del invierno, climatológicamente hablando, y especialmente en trayectos algo más largo de lo habitual, conviene comprobar que tenemos en el coche el preceptivo chaleco, los triángulos, la rueda de repuesto en perfecto estado de revista o las cadenas de nieve. Puede ser útil también llevar una linterna, la batería del teléfono móvil bien cargada, agua, ropa de abrigo, guantes, una manta y el depósito del coche lleno.

Si hace frío, llueve o nieva…   no asumas riesgos Infórmate del estado de las carreteras antes de salir. En caso de duda, no salgas. Ten en cuenta las predicciones meteorológicas. Revisa el sistema de refrigeración y el nivel de líquido anticongelante. Lleva siempre limpio el parabrisas y los cristales del coche. Utiliza el aire acondicionado y la luneta térmica para eliminar el vaho en las ventanas. Comprueba el estado de las escobillas y añade un poco de anticongelante en el líquido del limpiaparabrisas. Revisa la presión y el dibujo de los neumáticos, en especial si vas a circular por zonas nevadas. Han de estar bien inflados y con un dibujo muy profundo. Es preferible llevar unas ruedas estrechas. Si eres esquiador habitual, utiliza neumáticos de contacto. Mantén el depósito de la gasolina lleno y el vehículo en perfecto estado. Asegura el buen funcionamiento del sistema de alumbrado y los frenos. Extrema la precaución. Vigila con las placas de hielo que acostumbra a haber en algunas zonas de la carretera. Conduce suavemente para procurar tocar los frenos lo menos posible. Un frenazo puede hacer que el coche derrape y pierda el control. No aceleres ni disminuyas la velocidad de forma brusca. Aumenta la distancia de seguridad por si tienes que parar el coche. Las cadenas son imprescindibles para viajar a la montaña en invierno. Ponlas cuando haya nieve sobre la carretera. No las utilices sobre asfalto seco. Cuando lleves las cadenas, circula a una velocidad máxima de 40 km/h, y retíralas tan pronto abandones el tramo de carretera nevado. No abuses de la calefacción ya que produce somnolencia. Conduce con ropa ligera, pero no olvides llevar una manta por si se estropea la calefacción.

Fuente: nubecar.com

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